Zapata 21: La disputa por la reactivación

 

A la memoria de mi maestro Víctor Espíndola Cabrera, en 1983 era director de la escuela de Economía de la BUAP, mi Alma Máter.

 

I
La emergencia sanitaria por el Covid 19 y la profunda recesión mundial en curso precipitó la crisis global del neoliberalismo y desató en México una disputa por la conducción de las políticas de Estado en todos los frentes. Andrés Manuel López Obrador apenas empezaba a enderezar el barco cuando nos alcanzó una pandemia que supone uno de los retos más grandes que ha tenido la sociedad mexicana.

Nadie duda que nos va a afectar severamente y que en la práctica TODO EL MUNDO ESTÁ EN RECESIÓN; tampoco está en duda que el sistema-mundo saldrá de esta crisis. El debate de fondo es el plazo, los ritmos, la profundidad de los daños y los métodos con los que saldremos adelante. Lo que está en el centro de todo este debate es el paradigma que nos servirá, en particular a la economía mexicana, para reintegrarse al dinamismo económico. A este entramado le llamo (parafraseando el título del libro que publicaron en 1981 Rolando Cordera Campos y Carlos Tello Macías, el primer secretario de Programación y Presupuesto en México, en los tiempos de José López Portillo) “La disputa por la nación”; para nuestro caso, la coyuntura es la disputa por la reactivación.

II

El anuncio del presidente el domingo de ramos hace énfasis en las mismas orientaciones que puso en práctica desde que asumió el poder de la república. Las medidas esenciales son las que están en marcha desde el inicio del sexenio: varios grandes proyectos de infraestructura (Dos Bocas, Tren Maya, ferrocarril transistmico y aeropuerto de Santa Lucía, esencialmente), un impresionante despliegue de recursos públicos dirigidos a programas sociales de los ciudadanos y las familias más vulnerables. Aparejado a estas medidas, está en marcha el ataque más frontal contra la corrupción y la impunidad en todos los niveles de la administración pública y una política de austeridad republicana que está ahorrando considerables recursos que antes se esfumaban para pagar a una burocracia tan dorada como ineficiente.

La respuesta fue inmediata, algunos empresarios (ni siquiera los más grandes, que están demostrando su compromiso con el proyecto de la Cuarta Transformación) se apuraron a denunciar que la propuesta de reactivación económica es más de lo mismo. Tienen razón, el presidente ratifica su compromiso con una salida distinta a las aplicadas en la larga noche neoliberal.

En el curso del debate, a los cuatro días, un sector de empresarios liderados por el Consejo Coordinador Empresarial solicitó una condonación de algunos impuestos que deben al erario y planes de salvamento para sus empresas. La propuesta fue pública y fue aderezada con temerarios pronunciamientos políticos, el CCE llamó a los mexicanos a prepararse para una revocación de mandato del presidente.

No le midieron bien el agua a los camotes, piensan que López Obrador es igual que otros presidentes que vociferaban a favor de la intervención estatal pero que se dejaban presionar por algunas élites brabuconas. Recordemos a Luis Echeverría, que le creó el más amplio apoyo a sus actividades productivas con condonaciones masivas de impuestos, creación de instituciones que permitían abatir el costo de la mano de obra, como la seguridad social, la educación gratuita, los precios bajos de sus materias primas y el financiamiento del déficit en la balanza comercial no agropecuaria, mediante la utilización de los excedentes de un campo mexicano que se extenuaba en el objetivo de industrialización a toda costa, el Infonavit, el Fonacot, Banobras, el Instituto Mexicano de Comercio Exterior, que promovía sus exportaciones y una política proteccionista que permitió continuar con el proceso de industrialización por sustitución de importaciones que ya acusaba signos evidentes de agotamiento. De los últimos años del sexenio echeverrista (1970-/1976) provienen las primeras escandalosas condonaciones de impuestos que recién apenas están terminando.

La polémica se escaló y el presidente les pidió que pagaran 50 000 millones que le deben al SAT quince de los empresarios que reclaman un programa diferente. La crisis apenas tiene tres semanas y ellos quieren un salvamento; es la vieja escuela del chantaje y la simulación que pusieron en práctica contra gobiernos ilegítimos de origen, o que siendo legales, eran repudiados por sus prácticas corruptas devastadoras de la hacienda pública.

III
Esta élite de empresarios pone en práctica la misma estrategia que usó en su trato con Luis Echeverría: amagar para obtener ventajas en los negocios o concesiones en la visión del país y de su desarrollo. En aquel tiempo aprovecharon bien la política de fomento a la industrialización, pero existe un consenso respecto a que esas medidas (32, específicamente dirigidas al sector) pudieron haberse utilizado en forma más dinámica, para colocarla como una clase empresarial más pujante a nivel de Latinoamérica y el mundo, si hubiesen aprovechado al máximo el abanico de medidas que representó el manto protector más afanoso de que se tenga memoria. Ellos prefirieron la condonación de impuestos, el derecho de picaporte y el amago cuando, cerrilmente, pensaban que el gobierno los llevaba al comunismo. Era el tiempo de la guerra fría y sus valores y ecos se dispersaban por toda la sociedad. Se creó así una burguesía parasitaria, díscola y exacerbadamente explotadora.

El sector empresarial mexicano (como todas las clases y estamentos sociales) es un constructo histórico. Nació bajo el impulso de un sólido Estado nacional y pudo pervivir gracias a sus múltiples apoyos. Siempre tuvo una canasta básica barata para sus obreros, siempre contó con soportes estatales a la educación, la seguridad social, el crédito y la vivienda para los trabajadores. Cuando de vez en cuando surgieron protestas que se salían del control de los sindicatos oficiales, aquel Estado no dudó en usar la represión sangrienta como última recurso de dominación. Esa serie de circunstancias dio como resultado este tipo de empresarios timoratos, que ven la realidad nacional a través de las antiparras con las que la veían los polkos que en el siglo XIX combatieron al presidente Benito Juárez. Fue una burguesía que nunca pasó del capítulo XXV de El Capital, una clase social que jamás supero la acumulación originaria y sólo pudo pervivir tanto tiempo con esas prácticas proteccionistas y la dotación ubérrima del Estado-nodriza. Fueron esas características las que hicieron que desde su fundación, el Consejo Coordinador Empresarial recibiera el calificativo de lumpenburguesía; así la definió Juan Felipe Leal en un libro en 1975. Su dirigente era Manuel J. Clouthier, que después sería candidato a la presidencia de la república por el PAN.

IV
Cuando en su campaña presidencial Miguel de la Madrid Hurtado propuso la renovación moral de la sociedad, la reivindicación del municipalismo y la reconversión industrial, muchos desde la izquierda pensamos que los días de esa burguesía parasitaria estaban contados. No fue así, los grupos de presión pudieron insertarse con cierto éxito al nuevo modelo de desarrollo y nadie desde el gobierno les dijo que las reglas estaban cambiando de manera acelerada.

El neoliberalismo comenzaba su vigoroso avance en el mundo, montado en la ola derechista auspiciada por La Trilateral y, lo que aquí se comenzó a llamar reconversión industrial, obtuvo pronto un nombre rimbombante y prometedor en el mundo de la teoría económica: la globalización, impulsada por nuevos sectores industriales, por nuevos métodos de trabajo, por nuevas relaciones entre las clases y el Estado nacional y por un desarrollo impresionante de las comunicaciones y la tecnología digital. Apenas había tiempo para prepararse y la tecnocracia mexicana que tomó el poder a mediados del gobierno de Miguel de la Madrid, bajo el liderazgo de Carlos Salinas de Gortari, se propuso comenzar el desmantelamiento del viejo Estado proteccionista.

Apareció entonces una nueva clase política y empresarial emergente, formada una parte por tecnócratas, funcionarios cuyo denominador común era su exhaustiva preparación en las ciencias económicas, que habían cursado postgrados en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos e Inglaterra. La otra parte de esta exitosa asociación la constituyeron empresarios de los nuevos sectores de punta o que tenían interés en desarrollar el prometedor mercado de las telecomunicaciones. El más representativo de este conglomerado fue Carlos Slim. Este nuevo sector empresarial estaba desligado de los grupos de presión tradicionales y se aprestó a acompañar a la tecnocracia neoliberal en la propuesta de modernizar la economía y la política mexicana. Esta clase empresarial es ajena a las presiones corporativas y se asumió como contribuyente con los objetivos del Estado nacional.

Este nuevo híbrido dominante poco a poco se fue haciendo del control del Estado y acapararon las empresas de las ramas más dinámicas de la economía, como el petróleo, la minería, las telecomunicaciones y algunas pocas instituciones financieras. Ocurrió entonces el desmantelamiento casi total del viejo pacto corporativo; al lado de estos nuevos capitanes de empresa pervivieron, en un bajo perfil y absolutamente subordinados a ellos, los viejos organismos empresariales y la burguesía parasitaria, que no desapareció, pero que fue relegada de las grandes maniobras del mundo de las finanzas y la producción. Ahora mandaban los doctores de la ley educados en universidades extranjeras, hablaban el idioma de las reformas estructurales, el TLC, el nuevo orden económico mundial, que en nada se parecía al mundo de la segunda postguerra que dio lugar al modelo de industrialización por sustitución de importaciones. El nuevo paradigma atravesó todos los partidos políticos, en sus años de gloria; en el sexenio de Enrique Peña Nieto, las fuerzas políticas firmaron un pacto a favor del desarrollo y las reformas estructurales: el Pacto por México.

La transición a lo que se llamó la postmodernidad estaba consumada, pero bajo la tersa superficie de los fenómenos, en el subterráneo cenagoso de esa transición, el viejo topo de la historia seguía trazando sus propios caminos. Hubo elecciones, ganó la izquierda, se respetó su triunfo y llegamos a donde estamos.

V

Nadie ha reparado lo suficiente en un dato sutil pero de la mayor importancia, la cita textual a un discurso de Franklin Delano Roosevelt, a quién López Obrador considera el mejor presidente de Estados Unidos de América. “El interés propio y egoísta suponía una mala moral, ahora sabemos también, era una mala economía”. Corrección, sí hubo quien se ocupó de la cita, para decir que mejor hubiera utilizado alguna de Morelos o de Matías Romero (como si alguno de estos próceres nacionales hubiesen estado al frente de una disyuntiva sobre el estilo de la reactivación). Cuestión de enfoques, cada quien sus citas.

López Obrador está proponiendo en esta cita su visón y las características que debe tener la respuesta al problema económico. Roosevelt fue el presidente de Estados Unidos en 1929, los tiempos de la Gran Recesión. El New Deal; es decir, la receta que sacó a esa nación de la crisis (y también a Alemania, Inglaterra, Francia y Japón) fue la puesta en práctica de la política de pleno empleo, propuesta teóricamente por el genial economista de la escuela de Cambridge, John Maynard Keynes. Se resume esa política en una intervención enérgica del Estado para crear empleos y subsidiar a los más vulnerables ante la crisis, lo que se concibió como la primera ruptura teórica y práctica con la política de los economistas políticos clásicos del laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar), propuesta primero por los fisiócratas franceses y consumada magistralmente por Adam Smith y su teoría de ‘la mano invisible’. Cuando alguien dudó de las posibilidades objetivas de poder crear tantos empleos productivos como los que necesitaba la destrozada economía mundial, Keynes propuso la medida: “si es necesario contratar un ejército de obreros para solamente hacer pozos en el suelo, habrá que contratarlos y a otro ejército igual de grande para que los vaya tapando”.
Estados Unidos y el mundo salieron de la crisis y las medidas de corte keynesiano obtuvieron un merecido prestigio. En Estados Unidos se prolongaron en el seguro del desempleo, la seguridad social y la asistencia médica casi universal. Lo que desde entonces se llamó la política del Welfare State (Estado del Bienestar).

VI
Una década después de la gran recesión, el Estado mexicano tuvo una propuesta propia para resolver su crisis. La reconversión aquí fue más profunda que en Estados Unidos porque esas medidas coincidieron con la vigencia de un discurso revolucionario del Estado mexicano surgido de la revolución. El cardenismo fue el desenlace histórico más importante del programa social de la revolución mexicana y dirigió la más profunda, eficaz y rápida reconversión de la sociedad y la economía mexicanas.

La variable estratégica de la propuesta cardenista fue la Reforma Agraria. El reparto masivo de tierras a comuneros, ejidatarios y pequeños propietarios trajo como consecuencia la liberación de una gran masa de fuerza de trabajo que tuvo que emigrar a las ciudades cuando no alcanzaron dotación de tierras. De esta forma, se proveyó a la naciente industria mexicana de una masa de trabajadores que formaron los primeros contingentes de obreros mexicanos, que además no tenían tradiciones de luchas proletarias y, al venir del campo, portaban todavía la visión y los valores de obediencia, nobleza y sumisión propios del mundo rural. Esa nueva mano de obra (barata además, por la protección que aquel Estado brindó siempre a los contingentes obreros, dotándolos de escuelas y servicios gratuitos), constituyó al mismo tiempo el primer gran mercado interno para los productos manufactureros mexicanos (calzado, vestido, alimento, bebidas y tabaco). Los primeros años de la reforma agraria el campo disparó su producción, que no sólo abasteció el mercado interno, sino que generó excedentes para la exportación que financiaron las importaciones de insumos y bienes de capital de la industria mexicana. Desde el cardenismo (1940) hasta 1970, el campo mexicano pudo cumplir cabalmente su papel en subsidiar la industrialización mexicana y, con ello, ser la palanca del crecimiento urbano en el país.

La reforma agraria fue la variable estratégica, pero alrededor de esa política se construyó un estado del bienestar que incluyó la educación gratuita para hijos de obreros y campesinos, mediante un sistema educativo formado por las escuelas normales rurales y coronado en la cúspide por el Instituto Politécnico Nacional. La vigorosa participación del Estado en la economía, la expropiación petrolera para orientar una política de energéticos baratos y mantener la soberanía nacional en una industria estratégica, el derecho laboral como derecho de protección social, la seguridad social, la política de vivienda para los trabajadores y de créditos blandos, entre otras, constituyeron las medidas que dieron contenido al nuevo acuerdo social mexicano surgido del movimiento armado de 1910. Ese acuerdo social fue el que desmanteló el neoliberalismo que a partir de 1982, con cuando menos dos fraudes electorales, dirigió indisputadamente la política económica.

VII

La pobreza fue un problema que supo detectar el neoliberalismo en sus primeros momentos de avance. Incluso hubo un coloquio internacional sobre el tema donde se reconoció que las políticas de ajuste estructural que imponía el FMI para otorgar préstamos estaban creando un número indeseable de pobres; aunque lo catalogaron como un daño colateral no deseado y que podría revertirse pronto. La verdad es que la pobreza se profundizaba sin vías de solución y que incluso las políticas fiscales y macroeconómicas ya representaban un grave resquebrajamiento en sí mismas, las recetas en lugar de curar al enfermo lo empeoraban.

Fue ese diagnóstico autocrítico del FMI lo que motivó un foro con los más grandes pensadores del mundo, en el que se discutieron lo que se llamó “Los obstáculos estructurales del desarrollo en las economías emergentes”, que dio como resultado un libro con agudos ensayos de pensadores liberales de derecha de indudable solvencia, como Mario Vargas Llosa y Octavio Paz.

El economista indio Amartya Sen realizó estudios y llegó a la conclusión de que la pobreza era un problema insoluble en el corto y mediano plazo. De uno de sus estudios más famosos se desprendió una conclusión que marcó el principio del declive teórico del modelo neoliberal; “Dentro de treinta años, los descendientes del veinte por ciento más pobre del mundo seguirán igual de pobres”. A esa afirmación siguió otra igual de importante que le daba continuidad: “Si la vamos a tener con nosotros durante mucho tiempo, es mejor convivir con ella de la mejor manera y buscar otros indicadores de bienestar”. Sen continuó realizando investigaciones que a partir de entonces no sólo tomaban en cuenta la pobreza. En uno de sus trabajos más famosos censó y estudió a tres sociedades industrializadas (Estados Unidos, Japón e Italia) y comparó sus índices de bienestar con los obtenidos en tres tribus, una de Sudáfrica, una de Perú y la tribu Cora, del estado mexicano de Nayarit.

De las conclusiones de ese trabajo Amartya Sen obtuvo sus famosos ‘indicadores de felicidad’. Los resultados del estudio indicaban que en las tribus estudiadas las personas eran más felices, vivían muchos años y permanecían las familias integradas. De ese trabajo surgieron los indicadores acerca de la espiritualidad y felicidad humanas. En el año 1998 Amartya Sen fue galardonado con el premio Nobel de Economía.
Casi paralela a la investigación sobre los indicadores de felicidad, dos economistas norteamericanos (James Heckman y Daniel McFadden) estudiaron y crearon la posibilidad de tener bancos para pobres. Dichas investigaciones hicieron suyas las premisas de Sen de que la pobreza era un problema imposible de solucionar en el corto plazo. En el año 2000, los economistas que propusieron la implantación de bancos para pobres obtuvieron la misma condecoración por diseñar métodos para comprender los comportamientos económicos de las economías familiares y los individuos, así como su correlato práctico: la creación exitosa de sus bancos para pobres (los primeros de ellos instalados en Sudáfrica). El éxito del andamiaje teórico propuesto por Amartya Sen se refleja en el hecho de que la ONU y otras organizaciones adoptaron sin matices las categorías analíticas por él inventadas, como es el caso de las tres dimensiones de la pobreza (de ingreso, de patrimonio y de servicios). De esta manera se llegó al consenso teórico de que se avanzaba en un nuevo tipo de economía a la que se llamó “Economía Moral”, los indicadores que la miden en forma preferente son los índices de felicidad o bienestar.
Hagamos aquí una aclaración necesaria: hay un gobernante latinoamericano que utiliza los conceptos Economía Moral y los indicadores de felicidad, cuyas propuestas ha ampliado en sus libros. ¿Qué recibe a cambio? Expresiones de burla e intolerancia de gente que no conoce la elaboración de teorías pero que tiene acceso total a las redes para exhibir sus miserias morales y su desprecio clasista por los humanos que estudian, se organizan y luchan para tratar de hacer un mundo diferente, más justo y solidario, más habitable y feliz.

VIII

En esta etapa de la coyuntura el gobierno de la Cuarta Transformación no está haciendo un trabajo antisistémico; apenas está poniendo la planta productiva a tono con las verdaderas necesidades del país. Resulta paradójico que este gobierno de izquierda tenga que consumarla parte que, más por corrupción e impunidad que por ineficiencia, el neoliberalismo dejó pendiente.

No es posible que los pasados gobiernos no se hubiesen hecho cargo de un tema donde la ciencia económica tiene uno de sus mayores consensos. Keynes lo llamó eficiencia marginal del capital, Carlos Marx, tendencia decreciente de la tasa de ganancia y los neoclásicos, padres teóricos del neoliberalismo, lo denominaron ley de los rendimientos marginales decrecientes. Coincide este postulado en que las ganancias tienden a disminuir en el largo plazo como efecto del avance tecnológico, la producción en cadena y las economías de escala. En México, mediante una relación esencialmente sucia, un sector del empresariado no sólo pudo eludir esa tendencia casi natural del capital, sino que obtuvo sus mejores ganancias en monto y tasas a partir de una alianza innombrable con el poder, aderezada a veces con intereses muy claros de los poderes fácticos. Particularmente en la industria de la construcción, a veces era difícil saber cuándo se estaba hablando con el empresario, con el funcionario o con el criminal. Pudo posponerse esa definición porque se produjo una amalgama de intereses donde se ganaba más en los acuerdos con sus cómplices que en la sana competencia. Los que en México aplicaron el neoliberalismo no tocaron los mercados imperfectos; de los dientes para afuera lanzaban loas al libre mercado mientras solapaban la existencia de un pequeño sector empresarial que vivía del amasiato político-económico, el contratismo y la corrupción.

Hoy que ese mundo se les cae algunos empresarios (los menos, hay que aclarar) claman por condonación de adeudos fiscales y porque el gobierno contrate créditos para que “los salve”. Pretenden repetir los viejos esquemas de privatizar ganancias y socializar costos, que en otros tiempos llevaron al rescate carretero, al azucarero, y, a la joya de la corona; el Fobaproa, que los mexicanos hemos pagado un cuarto de siglo y falta otro medio siglo para que nuestros bisnietos terminen de pagarlo.
Mientras los empresarios más grandes adelantan el pago de impuestos, ponen 250 hospitales privados al servicio de la comunidad, adelantan compras de proveedores y mantienen el salario de sus trabajadores en cesantía obligada, el grupo nucleado en torno al CCE exige que se les salve a ellos; su propuesta concreta es condonación total de impuestos y que el gobierno contrate un crédito de UN BILLÓN DE PESOS para rescatarlos. Apenas llevamos tres semanas de la crisis, pero se niegan a pagar impuestos del año pasado que ya descontaron a sus trabajadores. Lo dijo un caricaturista en una frase que resume el tema: se niegan a mantener un mes a quienes los han mantenido toda la vida.

Este sector de empresarios ignoran (o simulan ignorar) que una parte importante de los 42 mil millones de pesos entregados recientemente en apoyos a adultos mayores, estudiantes y personas con discapacidad, irremediablemente irán a parar a sus arcas. La mayoría de este sector vulnerable gastará esos apoyos adquiriendo bienes y servicios en ese tipo de empresas. Los beneficiarios de estos programas no tienen capacidad de ahorro, se mantienen con un déficit permanente de satisfactores básicos; su gasto esencial es en los llamados bienes-salario (comida, ropa, calzado, medicina, servicios de internet, bebidas, tabaco y pagos de servicios públicos). Esa realidad que no percibe la derecha flatulenta lo ven con absoluta claridad otros empresarios como Carlos Slim, que no sólo donó cien millones de pesos para combatir la epidemia, sino que está adelantando 8 000 millones de pesos de impuestos de sus empresas. Sabe perfectamente que una parte importante de los apoyos a programas de bienestar regresará a sus empresas cuando se adquieran más aparatos, más tiempo aire y más servicios y bienes que ofrecen. Son dos formas muy distintas de ver la coyuntura e implican una visión de país también diferente; como muchos empresarios, Slim sabe que el tiempo de los chantajes ha quedado atrás, hay un gobierno cuya amplia legitimidad le permite ser un interlocutor de respeto, aquí y en Arabia Saudita.

IX
La izquierda tiene un proyecto de nación, el neoliberalismo tiene un proyecto de desnacionalización. El proyecto obradorista no es una ocurrencia, sus categorías analíticas son las que están en boga a nivel oficial en los organismos que promueven el desarrollo sostenible; alrededor de ellas se hace teoría y se descubren cada día nuevas realidades. Esa nueva economía política goza de tanto prestigio que varios que han hecho equipo con el presidente trabajan en organismos internacionales que están en el centro de las propuestas y el debate mundial. Alicia Bárcena, la teórica que desarrolló y aplicó el primer programa de pensión para adultos mayores en la CDMX en el gobierno de López Obrador, es ahora directora de un prestigiado organismo de la ONU, la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL).

Incluso problemas que eran previsibles con el arranque de la política de bienestar no se han producido. Los analistas están con el ojo cuadrado al darse cuenta que el gran despliegue de recursos a favor de los marginados no ha creado ni un céntimo adicional de inflación. Dos cuestiones empujan a ese resultado que NADIE esperaba: el hecho de que sean recursos con financiamiento sano, no con préstamos y también ayuda que era tal la baja de la demanda efectiva antes de estos programas, que la enorme demanda adicional no ha terminado de vaciar inventarios; es decir, no ha habido un reflejo automático de presión en la producción y su consecuencia lógica, un correspondiente aumento en la inflación.

Otra ventaja de la política obradorista es que se comenzó ANTES de la eclosión de esta crisis. Es la más vigorosa intervención del Estado mexicano hacia un estado del bienestar; equivale, en igualdad de condiciones a una política de pleno empleo. Estas medidas no conspiran contra el régimen capitalista, sólo lo acucian a resolver sus desequilibrios estructurales y a crecer sobre bases más sólidas y sanas. Parafraseando el debate presidencial entre Bill Clinton y Richard Nixon (es la economía, imbécil), hoy podemos decir a los asustadizos: no es Marx, ignaros; es Keynes.

X
En las próximas horas se anunciará un paquete de 25 millones de créditos para PYMES; eso no representa un rescate, es una palanca para reiniciar el crecimiento en un plazo que no puede ir más allá de este año. El decrecimiento mundial será un poco mayor al 10 por ciento. Será diferenciado en algunas naciones de acuerdo a las políticas que pongan en práctica y a la severidad con que resuelvan el problema de la pandemia. China decrecerá dos puntos por la pandemia y otros tres quizá por la influencia de la recesión mundial, que va a detener el dinamismo de sus exportaciones. Las economías de Alemania, Rusia, Corea, India y Japón sólo resentirán la depresión en su variante económica, puesto que han resuelto sus problemas sanitarios sin muchos inconvenientes; digamos que tendrán un crecimiento negativo entre tres y cinco por ciento. Francia, Inglaterra, Italia y España tendrán un retroceso de alrededor de ocho por ciento. Estados Unidos se llevará el palmarés con una depresión mayor al doce por ciento. Si México logra decrecer sólo un cinco por ciento quedará como una de las economías con mayor dinamismo en la siguiente década. (Está claro que asistimos al fin de la hegemonía de Estados Unidos, como lo propuse en un ensayo sobre China en el año 2006; pero ese es tema largo, objeto de otro ensayo)

Xl
Nadie dijo que sería fácil, la transición mexicana está enfrentando la resistencia de algunos sectores. En 2018 sólo se ganó la elección, la coyuntura actual es una magnífica oportunidad para acelerar el desmantelamiento del partido de Estado y toda la cauda de impunidad, corrupción y simulación que representa. En este tipo de coyunturas se condensan las contradicciones pendientes y se perciben con absoluta claridad las opciones. La disputa es más profunda que la salida a la recesión; es un proyecto de nación contra otro de desnacionalización.

México va a salir fortalecido de esta crisis, con un modelo político y económico distinto a lo que conocimos, ajeno a la corrupción y con relaciones sanas entre empresarios, trabajadores y Estado. El viejo pacto corporativo de sometimiento no tiene por qué regresar.
Tienen razón, es más de lo mismo; nadie cambia de caballo a mitad del río. Es tiempo de ratificar el compromiso con la cuarta transformación de la vida pública de México, de seguir levantando las banderas de la libertad, la igualdad y la fraternidad. De ratificar que sigue vigente la consigna de campaña que resume el programa estratégico de este tiempo mexicano: por el bien de todos, primero los pobres.

CORREO CHUAN

Hacía dos minutos que había terminado la conferencia del domingo de ramos del presidente de la república cuando sonó el teléfono y alguien me sugirió que escribiera algo al respecto. No pude negarme; es una mujer de luz, de esas estrellas rutilantes que a veces alumbran el camino de mis marchas solitarias. Resultó este trabajo, que le dedicó a la memoria de uno de mis grandes maestros de Microeconomía. Por escribir este ensayo dejé a medias otro sobre la industrialización de Puebla que disertaría en una mesa redonda de la Escuela de Economía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Mi Alma Máter cumplió 55 años el 5 de abril y las festividades fueron suspendidas por la pandemia. Ha dado a la sociedad mexicana y al mundo hombres y mujeres muy valiosos no sólo en el campo de su especialidad; de esa escuela han salido escritores, poetas, dramaturgos, campeones nacionales de ajedrez, de oratoria, comunicadores, profesionistas que honran su preparación en el sector público, en la docencia, en el sector privado, en los bancos, en la Bolsa Mexicana de Valores, en la política de todo signo y en la discusión constructiva de los problemas nacionales y locales. ¡Gloria eterna a nuestra Escuela de Economía y a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla!
Ya había terminado este ensayo cuando leí la noticia de que los empresarios que pugnaban por un rescate han terminado siendo solidarios y ya están pagando casi la tercera parte de los 50 000 millones que adeudan. Qué bueno, esos recursos están abriendo la posibilidad de que haya apoyos (no rescates, es distinto) para las pequeñas y microempresas. La sangre no llegó al río.

El correo chuan dice que las contradicciones pueden exacerbarse pero que no hay problema, la mayoría de mexicanos ya dio el paso que tenía que dar para comenzar la Cuarta Transformación. Dice también que las cincuenta generaciones de economistas egresados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla sirven a la patria en casi todos los campos del trabajo, la cultura y la producción. Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos.

E-mail: correochuan@hotmail.com

 

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