Coyunturas políticas. ¿Por qué no cesan las protestas? * Temor tras detenciones

Tras el triunfo de Morena en los comicios de gobernador de mediados del año pasado, hubo la percepción, la esperanza, de que en el futuro cercano ya no habría las dos o tres protestas callejeras diarias que desquician el tránsito vehicular y humano en la conglomerada capital de la entidad. No ha sido así; una revisión a la hemeroteca da cuenta de que ha habido escasas semanas de calma a partir de la segunda quincena de octubre pasado. ¿Y por qué algunos sectores de la sociedad llegaron a creer que la dinámica de la protesta cotidiana acabaría? Quizá porque los grupos que tradicionalmente organizan movilizaciones por cualquier motivo son quienes más respaldaron, en época electoral, al actual partido en el poder; si ya quitaron al oprobioso régimen priísta y gobiernan sus correligionarios, ¿por qué los radicales siguen marchando?.

La incógnita podría despejarse tomando en cuenta que las demandas son irresolubles. La paradoja se da porque, en el caso de los maestros disidentes que volvieron a bloquear a pesar de que les han dado respuesta de sobra tras la suspensión de labores de mediados de marzo, quieren echar abajo toda la legislación y normas y reglamentos del sistema escolar. Lo primero que hizo el presidente de la República al asumir el cargo fue abolir la reforma educativa promulgada a principios del sexenio anterior, pero no quedaron contentos los docentes con eso y ahora quieren abolir hasta la asistencia a clases (de ellos, obvio). Como ya no los atiende el huésped del castillo de Chapultepec, bloquean aquí para que les consigan una audiencia.

En el caso de los alumnos de la normal de Ayotzinapa que volvieron a bloquear la autopista (y que ya no fueron a tomar la caseta de cobro más cercana porque tiene resguardo policial), tampoco se les puede resolver la principal demanda de que aparezcan los 43 normalistas que no aparecen tras incursionar en Iguala el 26 de septiembre de 2014. Y es de imposible solución porque desde los días que siguieron al incidente, los únicos indicios hallados indican que fue crimen colectivo. Sin embargo, se prometió a los dirigentes y familiares de los agraviados, en campaña presidencial, que se localizaría a esos 43 alumnos, lo que no se cumple, sino puras acusaciones contra exfuncionarios judiciales cada vez que se acerca otro aniversario del trágico evento.

Por supuesto que también hay manifestaciones de grupos cercanos a partidos opositores al partido que gobierna en Guerrero; no podría ser de otra manera porque la política en la entidad es de venganzas (y oportunismos, corrupción compartida y simulación), pero hasta ahora son más los inconformes cercanos a los actuales gobernantes. Sin embargo, el bloqueo del jueves 2 protagonizado por transportistas de la región Centro de la entidad pareció sincero; un día antes, cerca de la Ciudad Universitaria, mataron a balazos al dirigente Francisco Marroquín. La protesta siguió, ya sin bloquear, con pintas alusivas a la exigencia de justicia en los medallones de taxis y otros vehículos de servicio público.

Lo peor es que el encargado de las finanzas de la entidad ya anunció que habrá menos presupuesto a partir del próximo mes porque las finanzas nacionales no van muy bien; eso quiere decir que habrá menos dinero el resto del año a pesar de que las demandas de obras, servicios y apoyos sociales se multiplican.

 

PASANDO A UN TEMA DISTANTE, la semana transcurrida se vivieron momentos de tensión en Chilpancingo. En redes sociales circuló la advertencia de mantenerse en casa tras dar a conocer, la Fiscalía General del Estado, que el último fin de semana de mayo capturó a cuatro integrantes de la banda de Los Tlacos, que se dedicaba al denominado “narcomenudeo”. El aviso preventivo fue porque el 24 de mayo, tras la detención de tres sujetos señalados como extorsionadores de esa misma banda, hubo disparos a transformadores de electricidad que dejaron a oscuras ocho colonias, y cinco vehículos fueron incinerados. Esta vez no hubo reacción violenta.

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