El incendio del Mercado Central de Acapulco: pecado y penitencia

Fuego que persiste.

 

* Atestaron locales y pasillos de materiales inflamables; como yerba seca de primavera, arde a la menor oportunidad

* Omisiones del ayuntamiento en materia de vigilancia de normas y de protección civil redondea el cuadro

* Rechazan comerciantes damnificados instalarse en la calle Diego Hurtado de Mendoza; logran quedarse en el estacionamiento

 

El fuego que el lunes pasado consumió la mayor parte del Mercado Central de Acapulco resultó difícil de extinguir. Tras ser apagado esa misma madrugada, se refugió en los escombros de la nave central y permaneció agazapado mientras recuperaba fuerzas, lo cual ocurrió esa misma tarde y después varias veces más.

El mismo lunes, a las 7 y media de la noche, un resplandor procedente del interior de la nave de yerberías parecía no llamar la atención de los fatigados bomberos que montaban guardia en el estacionamiento. Habían transcurrido 18 horas desde que comenzó el incendio y 15 horas desde que fue apagado, según la versión oficial. Las persistentes llamas servían para explicar por qué después de tanto tiempo un humo difuso seguía elevándose desde las ruinas del Mercado Central.

-Oiga, eso que se alcanza a ver allá es fuego, ¿no? -pregunta este reportero, con obvia inexperiencia en el tema, a un bombero robusto y de rostro tiznado que aguardaba con una decena de sus compañeros el momento de volver a entrar en acción.

-Sí, es fuego -responde el hombre con toda la calma de mundo.

-¿Y entonces? -insiste el reportero.

-No podemos apagarlo porque el techo colapsó, y toda el agua que echamos cae sobre el techo colapsado; no podemos alcanzar la base del fuego -explicó, algo más condescendiente.

-¿Y qué harán al respecto?

-Estamos viendo qué hacer; no podemos acercarnos porque la estructura está dañada y puede caer sobre nosotros.

Sin embargo, los muros no les cayeron encima al día siguiente, cuando acompañaron a los peritos de la Fiscalía del estado, que ingresaron a recolectar datos y otros indicios útiles para elaborar un dictamen. Antes, por supuesto, tuvieron que apagar el fuego de alguna manera.

Igual ocurrió cuando el fuego resurgió después: lograron apagarlo sin que los muros se vinieran abajo. Y todavía este viernes, cinco días después del siniestro, las llamas seguían resurgiendo.

Causas del incendio

Más allá de lo que indiquen en su dictamen los peritos de la Fiscalía, en el Mercado Central hay muchos elementos y sustancias combustibles que contribuyeron, y han contribuido en otras ocasiones, al incendio; velas, veladoras y líquidos volátiles que venden las yerberías son buen ejemplo de ello.

Pero también hay pólvora de artefactos pirotécnicos, tanques de gas, conexiones eléctricas irregulares o deterioradas y grandes cantidades de otros materiales combustibles amontonados o apretujados en espacios pequeños. En contraparte, no hay hidrantes para los bomberos y no se sabe que haya comités de protección civil entre los locatarios.

Hay quienes creen la versión de que un comando incendiario prendió fuego a los locales, en represalia por negarse a pagar la cuota de piso: otros afirman que los comerciantes dejan veladoras encendidas por la noche, y que esa puede ser la causa de la conflagración.

Todas estas deficiencias persisten porque las autoridades no han puesto orden en el Mercado Central del puerto, sea porque no han querido o porque no han podido, a pesar del gran peso económico que representa, o quizá precisamente por ello.

El desastre

Lunes 5 de junio del 2023, 19 horas. El estacionamiento alto del Mercado Central -el que tiene acceso por la calle 2 de Agosto- mide unos 60 metros de frente por unos 60 metros de fondo; pero más de la mitad estaba ocupada por puestos metálicos semifijos, instalados ahí en violación al diseño original del establecimiento, el que dejó el entonces gobernador Ángel Aguirre Rivero cuando llevó a cabo la primera de las tres reconstrucciones a que ha sido sometido. Había comercio de ferretería, jardinería, plantas medicinales, velas y veladoras, flores, regalos, molcajetes, estufas, tanques de gas (vacíos) y muchas cosas más. Todo fue pasado por el fuego. Los locatarios rescataron lo que no se achicharró. Todo lo demás fue levantado por trascavos llevados ahí por el gobierno después del peritaje de la Fiscalía.

A esta hora, humo negro asciende desde las pilas de restos chamuscados en el aparcamiento y en la nave. El olor es acre y sus partículas lastiman la garganta.

Hay una ambulancia de Protección Civil municipal, dos carros-tanque de Bomberos, de más de 10 mil litros de agua cada uno, y dos pick ups de la misma corporación.

También hay un generador de electricidad para iluminación nocturna, dos retroexcavadoras y un camión torton de carga de gran capacidad.

Hay militares, guardias nacionales, policías estatales, policías municipales, unos 15 bomberos y unos 15 socorristas.

Las retroexcavadoras levantan las toneladas de escombros de los locales que funcionaban en el estacionamiento y los colocan en las bateas de los camiones. Pueden hacerlo porque ya estuvieron aquí los peritos de la Fiscalía y tomaron nota de los indicios, las pruebas y las evidencias.

El coordinador de Protección Civil de Acapulco, Efrén Valdés Ramírez, también presente en el lugar del siniestro, explica a este reportero que el fuego comenzó en el estacionamiento, alrededor de la medianoche, y luego se extendió a la nave principal. Ambos cuerpos fueron consumidos en totalidad por el elemento ígneo. Gran parte de esta última era ocupada por puestos de velas y veladoras, materiales sumamente inflamables, que no tardaron en entrar en combustión.

Los bomberos entraron en escena a las 12 y media de la noche; llegaron 70 en la primera oleada. Superada la emergencia, se organizaron para hacer guardias por turnos. La temperatura en la nave central alcanzó los 800 grados Celsius, estima el encargado del despacho de Bomberos.

Solidaridad y rebeldía

Martes 6 de junio del 2023: Comerciantes de la nave de fondas llevan alimentos a los damnificados que buscaban entre sus ruinas: pozole, café y agua, para desayunar, por pura solidaridad.

La mayoría de quienes perdieron todo son adultos mayores y madres solteras.

También en redes sociales se han organizado hay rifas para reunir dinero para ellos, para ayudarles a sobrellevar la desgracia y a volver a levantarse, además del apoyo que puedan darles las autoridades, que hasta ayer era nada, excepto la reasignación del espacio.

El incendio destruyó 11 mil 300 metros cuadrados de locales y pasillos con su contenido.

Este día ya se ha anunciado que los comerciantes damnificados serán reubicados de manera temporal en la calle Diego Hurtado de Mendoza, junto al paso elevado, sobre la cinta asfáltica: 570 cuadros de un metro cuadrado cada uno. Las autoridades estimaban que deberán permanecer ahí al menos seis meses, mientras termina la reconstrucción.

Pero los damnificados se le rebelaron al ayuntamiento: rechazaron esa propuesta y exigieron ser instalados en el estacionamiento alto. Y ahí se quedarán.

A las 7 de la noche el olor a quemado llega hasta la esquina de Manuel Acuña y Sonora, a unos 400 metros de los escombros aún humeantes.

En conversación informal con este reportero, el director de Protección Civil del ayuntamiento dice que, esta mañana, peritos de la Fiscalía ingresaron a la nave incendiada para acopiar elementos para hacer un dictamen sobre las causas del fuego. Mostró a este reportero fotos de su celular del interior de la nave, en las que se aprecian, entre los hierros retorcidos por el calor, los vasos de veladoras que no reventaron, pero que sí ardieron.

Recordó que el Reglamento de Mercados no habla de la venta de veladoras y velas en ese lugar, que en su origen era para venta de frutas. Porque las velas y las veladoras son materiales muy inflamables, y de ellas había toneladas.

Esta tarde ya se ven avances en la limpieza del estacionamiento y en el rescate de artículos útiles.

Fin de la primera etapa

Viernes 9 de junio del 2023: Hoy terminó el levantamiento de escombros en el estacionamiento alto. Las retroexcavadoras fueron retiradas por un tractocamión que tiraba de una plataforma adaptada para soportar máquinas de gran peso. Los torton ya se fueron. Lo rescatable ha sido rescatado; lo demás ha sido llevado a algún lugar de concentración de desechos.

Los peritos de la Fiscalía ya terminaron de recoger pruebas y vestigios, y el fuego en la nave de las yerberías se ha vuelto a encender por enésima vez. Lo que queda de esta estructura será demolido por la empresa constructora que reciba la asignación del contrato.

Mientras tanto, en el estacionamiento, los comerciantes damnificados volverán a ofrecer sus mercancías. Pronto, todo volverá a la relativa normalidad.

 

El primer día.

De lo perdido, lo que aparezca.

El último día.

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