Coyunturas políticas: Violencia pone a Guerrero al borde de la ingobernabilidad

En el conocido relato de Juan Rulfo «¿No oyes ladrar los perros?», el único personaje deplora porque el coprotagonista no responde a la reiterada pregunta. Al final, la respuesta llega de manera abundante y el monólogo concluye con un reclamo: «No me ayudaste ni con la esperanza». En esa situación vive la ciudadanía de Chilpancingo, que no tiene mejor opción que pertrecharse en casa ante la racha de violencia que padece desde inicios de julio. Parece una guerra entre bandas y el motivo aparente es la aparente complicidad de la alcaldesa Norma Otilia Hernández Martínez con uno de los grupos delincuenciales que tiene presencia en la región Centro.

Los blancos de los ataques han sido vehículos de servicio público que serían parte de los negocios de Los Ardillos pero también de Los Tlacos. Ante la incapacidad del gobierno municipal para dar una versión de los hechos sangrientos y la incapacidad manifiesta para evitar nuevos incidentes, los transportistas dejan de circular y eso incrementa la zozobra de los ciudadanos y también cansancio y fastidio. Si la autoridad local no es capaz de evitar la violencia, menos puede ayudar a los gobernados a llegar a sus trabajos u hogares.

Pero la violencia no solo está en la capital de la entidad sino en varias ciudades y regiones. En anteriores administraciones estatales, cuando había periodos de violencia continua, no faltaban voces opositoras (o de opositores) que aseguraban que dicha situación era sinónimo de ingobernabilidad. En la teoría de la gobernanza, no hay gobierno cuando los poderes públicos dejan de funcionar. Aquí se presupone que tanto el Ejecutivo como el Legislativo y el Judicial están en funciones, pero en el caso del primero, no se deja sentir. No hay prevención de delitos y tampoco alguna estrategia para disuadir o erradicar a los maleantes.

La violencia no es reciente, tiene un par de décadas que comenzó a girar la espiral sangrienta en la que está envuelto el país. Es obvio que la política de tolerancia a los grupos delincuenciales que practica el gobierno federal ha empoderado a esos grupos y por eso, la violencia se incrementa en estados como Guerrero, donde históricamente, municipios pobres han carecido de policías preventivos. No debe ser pretexto el rezago para evadir la responsabilidad propia. Tampoco inventar algún complot ni salidas fáciles como acusar que hay la intención aviesa de desprestigiar a la gobernadora (o a la alcaldesa) por el excelente desempeño.

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