Echeverría: ¿no hay mal que dure 100 años?

Este lunes, uno de los políticos mexicanos más repudiados cumplió un siglo de vida. Es fácil saber a quién se refiere esta afirmación porque su nombre ha estado, con ese motivo, en todos los medios de comunicación serios del país.

Luis Echeverría Álvarez fue presidente de México entre 1970 y 1976. Las ulteriores consecuencias de sus decisiones antes (como secretario de Gobernación) y durante su presidencia fueron decisivas para definir el sistema político electoral que ha moldeado al México de hoy.

Echeverría fue, por decirlo en términos coloquiales, uno de los dinosaurios más rígidos y anquilosados de la política mexicana. Pero su verborrea a ratos hacía pensar lo contrario.

Fue autor de la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, cuando era secretario de Gobernación, y de la otra, la del 10 de junio de 1971, cuando era presidente de la República.

Fue llamado por la fiscalía para asuntos del pasado creada por el gobierno de Vicente Fox, pero no pisó la cárcel, sino que fue devuelto a casa, a prisión domiciliaria, con el pretexto de su precaria salud y de su edad.

Era un populista represor (todo populista es, por definición, autoritario, si bien algunos le sueltan más la rienda a su autoritarismo que otros). Por tanto, se creía iluminado y especial, y quizá por eso actuaba como si su gestión en la Presidencia de la República estuviera destinada a cambiar al país de una vez y para siempre.

Era un populista demagogo, pues todo populista es, por definición, mentiroso contumaz y, según se ve, siente la necesidad de ser el centro de la atención del país.

Es de él la frase “No nos beneficia, ni nos perjudica, sino todo lo contrario”, que hasta la fecha nadie sabe cómo interpretar. Y es que, en su ansia por siempre tener la voz, por tener siempre el micrófono, el populista acaba diciendo muchas cosas que quizá no quería decir y que lo meten a él y al país entero en problemas.

Como cuando criticó la política de asentamientos humanos del Estado judío y la llamó “sionista”. El gobierno de Israel se indignó y los inversionistas judíos (que eran y son muchos y muy adinerados) sacaron sus inversiones de México y cerraron todas sus líneas de crédito.

La economía nacional sufrió el impacto, con el consecuente cierre de negocios y la pérdida de empleos. Los populistas destrozan economías. No son los únicos, pero sí los más aplicados.

Echeverría era populista: le gustaba que el entonces partido oficial, bien llamado PRI-gobierno, le organizara masivas recepciones por donde transitaba en sus giras por el país, con grandes concentraciones ciudadanas y enormes mantas de agradecimiento al prócer de la patria en turno. Amaba estar ante las masas y sentirse amado por ellas; le gustaba arengar a las multitudes, lo disfrutaba.

Pero que nadie se atreviera a cuestionar sus decisiones, porque entonces toda la furia del tlatoani caía sobre el atrevido. Por eso fueron masacrados los estudiantes en 1968; por eso fueron asesinados con saña en 1971.

Echeverría era populista. Pero no ha sido el único. Los ha habido antes y después de él. En México falta un estudio serio sobre ellos, su desempeño, sus decisiones y las consecuencias de éstas.

La sangrienta represión echeverrista condujo al surgimiento de las guerrillas urbanas y rurales que proliferaron en los años 70, algunas de las cuales evolucionaron hasta convertirse en partidos políticos y otras se extinguieron ante la inviabilidad de concitar un levantamiento armado generalizado. Entre ellas se inscribieron las guerrillas de Genaro Vázquez Rojas y de Lucio Cabañas Barrientos, en Guerrero.

En efecto, ante la cerrazón oficial y la represión, muchos movimientos sociales que transcurrían en la legalidad decidieron pasar a la ilegalidad: se hicieron clandestinos y se armaron, y combatieron al Estado en todos los frentes.

No tuvieron éxito en el plano militar, pero sí lograron forzar al Estado a cambiar, a admitir reformas democráticas y de otros tipos, hasta desembocar en el país que hoy tenemos.

Quizá haber dado pie a este cambio es lo único que pueda reconocérsele al populista Luis Echeverría, que este lunes cumplió 100 años.

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