Coyunturas políticas: El rector idóneo para una universidad sin rumbo

* No atiende a su jefe el encargado de finanzas de PC

Se han escrito diversas interpretaciones acerca del desarrollo y devenir de la izquierda en el ámbito latinoamericano. Con matices pero la coincidencia es que solo pudieron penetrar en universidades y pequeños grupos campesinos; nunca en los sindicatos obreros, quienes en la teoría marxista, serían los encargados de conducir a la sociedad al comunismo. Es decir, la revolución proletaria. La explicación simple es que en estas tierras el capitalismo apenas viene sentando sus raíces. Adolfo Sánchez Vázquez, reconocido filósofo autor de “Las ideas estéticas de Marx”, escribió a inicios de la década de 1980 un breve ensayo que intituló “Del socialismo científico al socialismo utópico” en donde asegura que todo inició mal desde su origen porque en el primer país donde se instaura un régimen que pretende acabar con la explotación capitalista es Rusia, en donde el capitalismo se reducía al intercambio de productos agrícolas. No había fábricas ni de carretas. Donde debería iniciar el socialismo debería ser Alemania o Inglaterra, según Marx, porque eran los países que a fines del siglo XIX estaban más industrializados.

Regresando a México, es de conocimiento general que la izquierda nunca pudo penetrar en el sector laboral; tampoco en el electorado; ni partidos había por la falta de militancia. El partido predominante, hasta se puede apreciar a la distancia, fue tolerante porque nunca atentó contra las universidades autónomas en donde incubaron y desarrollaron diversos grupos opositores, algunos proclives a la lucha armada tras la llegada de Fidel Castro Ruz al poder en Cuba y declara que la revolución que hizo es socialista. Aunque no lo dijo Sánchez Vázquez, estuvo peor el asunto aquí porque Cuba no tenía más que fábricas de ron. Es decir, un capitalismo etílico.

Durante un par de décadas, las universidades autónomas tipo Guerrero, Zacatecas, Sinaloa y Zacatecas estuvieron en confrontación con los gobiernos estatal y federal. Se pretendía desde las aulas hacer la revolución o por lo menos, apoyar los guerrilleros que surgieron en esas entidades a imitación de Fidel y sus 11 apóstoles. El régimen practicó la tolerancia que representa seguir otorgando subsidio hasta que llegó la crisis económica por la baja en el precio internacional del petróleo. En la hemeroteca es posible rescatar el episodio del retiro del apoyo financiero a la universidad guerrerense. No hubo argumento de defensa ante los señalamientos de escuelas simuladas, hechas con palapas en algunos casos; los maestros, improvisados en cursos de dos meses al año. La simulación organizada porque los maestros fingen enseñar y los alumnos presuntamente aprenden. Lo peor fue la auditoría y el enorme desfalco encontrado. Pero no hubo desfalco, dijeron algunos; nadie se robó un centavo; lo que pasó es que se ocupaba el dinero destinado a proveer laboratorios y construir canchas para el financiamiento de movilizaciones; algunas para defender a la institución, otras para exigir la libertad de presos políticos.

La lección amarga se aprendió. Los universitarios ya no volvieron a respaldar a opositores del gobierno ni fomentarían ningún de tipo de lucha armada y tampoco saldrían a las calles a defender a comuneros despojados o colonos desalojados. A cambio, el gobierno seguiría otorgando subsidio y dejando el control de la institución a los grupos de izquierda incrustados. Claro que eso significa que los dirigentes y funcionarios (o al revés) pueden hacer uso personal del presupuesto e insertar a familiares y allegados en las nóminas de manera directa. La Universidad no ataca y el gobierno no audita. La simbiosis perfecta.

Regresando al ámbito local, Javier Saldaña Almazán quiere ser rector de nuevo; lo merece aunque nunca haya estado en una aula ni tenga obra escrita ni sea especialista en algo. No es peor que Rosalío Wences Reza, quien quiso ser rector por cuarta ocasión y casi lo consigue en la contienda de 1993, a 20 años del inicio de su primer periodo. Según un libro de entrevistas de Juan Sánchez Andraca (autor de la celebre novela hecha cinta “Un mexicano más”), Wences instaura la ideología marxista, materialista, siendo él religioso, un pastor protestante, es decir, idealista. Es como poner a un carpintero a construir un tractor. Pero tuvo éxito porque convenció a miles, que lo aclamaron cuando regresó dos veces más.

Que Saldaña Almazán haya adecuado la legislación para favorecerse y obstruir a sus oponentes tampoco es criticable; los anteriores rectores, hasta donde se conoce, también cometieron truculencias como denigrar a los rivales con campañas de odio o suspender clases para que los alumnos no reciban el mensaje de algún candidato o pagaron votos o realizaron campañas con bailarinas exóticas o llevaron algún conjunto musical. La Universidad de Guerrero es de las peores del país; merece un rector como el que se avecina.

PASANDO A UN TEMA DISTANTE, Roberto Arroyo Matus, responsable de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (dependencia conocida solamente como Protección Civil) se quejó amargamente que su subalterno, porque se supone que así es, Víctor Parra Ríos, no paga viáticos y otros gastos y prestaciones a los empleados operativos y por ello, va media docena de paros laborales y protestas públicas. Los apagafuegos están molestos porque este año se ha incrementado la incidencia de incendios forestales que se dan. Inclusive, en zonas urbanas. El tal Parra es el que tiene el control de las finanzas en esa nueva secretaría y hasta donde se sabe del asunto, ha dicho que no paga porque no tiene una orden directa. Es decir, que no ve a su jefe como jefe. Lo peor es que hasta al secretario general de Gobierno, Ludwid Marcial Reynoso Núñez, manda al limbo porque en la más reciente suspensión laboral, intervino para la solución, pero entre los acuerdos estaba que pagaría adeudos que tiene con los empleados desde enero. De acuerdo con la queja, Parra no atienda ni a la gobernadora.

 

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